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Arroceros temen por su futuro tras eliminación de protección a las importaciones de EE.UU

2026-10-20 02:57:57 • Lectura rápida
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Unos 30 mil productores de arroz temen pérdidas económicas tras la eliminación de la protección arancelaria frente a las importaciones de Estados Unidos.

Santo Domingo.- La eliminación de las restricciones arancelarias que protegían al arroz dominicano frente a las importaciones procedentes de Estados Unidos mantiene en incertidumbre a unos 30 mil productores nacionales, quienes temen que la entrada de mayores cantidades del cereal estadounidense afecte sus ingresos y reduzca las compras de las factorías.

Esta situación también podría poner en riesgo una actividad económica de la que dependen miles de familias dominicanas.

El Gobierno derogó el pasado 9 de septiembre el Decreto 693-24, que establecía límites y aranceles para las importaciones de arroz, en medio de conversaciones comerciales con Estados Unidos y tras culminar el calendario de eliminación gradual de impuestos contemplado en el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-CAFTA).

Aunque el sector teme que aumenten las importaciones, el Ministerio de Agricultura asegura que, mientras continúen las negociaciones, no autorizará permisos para importar arroz estadounidense por encima de las cantidades permitidas en el decreto derogado.

Entre los principales puntos de preocupación figuran:

Para Santo Paulino, productor de La Vega, el arroz es mucho más que un cultivo. A sus 68 años, asegura que ha dedicado más de cinco décadas a sembrarlo, una actividad que aprendió de su padre y con la que ha sostenido a su familia.

Ahora teme que la entrada de arroz extranjero sin aranceles reduzca las posibilidades de mantener su producción.

La preocupación también la comparte Yasser Recio, quien tiene 150 tareas sembradas en San Francisco de Macorís y explica que producir arroz implica gastos que no siempre se recuperan.

Según el agricultor, sembrar una tarea puede costar entre RD$8,000 y RD$10,000, dependiendo del método utilizado. La ganancia final está condicionada por el rendimiento de la cosecha y el precio de venta.

«Vamos a competir con productores estadounidenses que tienen mejores condiciones que nosotros porque tienen extensiones de terreno más grandes, tienen más tecnología y tienen el apoyo del gobierno directamente», expresó Recio.

En República Dominicana se cultiva arroz en 21 provincias, principalmente en Duarte, Montecristi y La Vega, que concentran más de 775 mil tareas sembradas.

Para quienes llevan años trabajando la tierra, una reducción sostenida de la producción significaría buscar otras formas de sustento.

Recio reconoce que tendría que cambiar de actividad si el cultivo dejara de ser rentable, pese a que ha dedicado buena parte de su vida al arroz.

Otro de los productores preocupados es Rubén Sosa, de Montecristi, quien señala que los elevados costos de combustibles, maquinarias, fertilizantes y mano de obra representan dificultades adicionales frente al arroz importado.

No obstante, reconoce que la rentabilidad del cultivo ha mejorado durante los últimos cuatro años, en condiciones normales, aunque los fenómenos naturales siguen representando un riesgo.

Las preocupaciones no se limitan a quienes siembran el cereal. Las factorías arroceras, encargadas de procesarlo y llevarlo al mercado, también podrían enfrentar dificultades si aumenta la entrada de arroz importado.

Bienvenido Ramos, administrador de la factoría G5, ubicada en Mao, explica que actualmente toda la producción que compra y comercializa la empresa es de origen nacional.

Sin embargo, advierte que una mayor presencia de arroz estadounidense podría reducir la demanda del producto dominicano y obligar a las factorías a disminuir sus compras.

«Nosotros tendríamos significativamente. Tendríamos que disminuir las compras en el campo porque tendríamos el mercado un poco más limitado», manifestó.

El impacto podría extenderse a los trabajadores agrícolas, transportistas y demás personas que participan en la cadena de producción y comercialización.

Heraldo Suero, director ejecutivo de la Asociación Dominicana de Productores de Arroz (ADOPRA), explicó que las factorías también financian parte de las cosechas nacionales, por lo que una reducción de sus operaciones podría afectar directamente a los agricultores.

Suero recordó que el decreto derogado contemplaba una cantidad limitada de arroz que podía ingresar sin impuestos, seguida de aranceles de 20 % y 99 % para importaciones adicionales.

Con su eliminación, el arroz procedente de Estados Unidos tiene acceso al mercado dominicano con arancel de 0%, según explicó el representante del sector.

El DR-CAFTA, firmado en agosto de 2004 y vigente en República Dominicana desde marzo de 2007, contemplaba un período de 20 años para eliminar gradualmente los aranceles al arroz estadounidense, cuyo calendario concluyó el 1 de enero de 2025.

Ante ese escenario, el Gobierno dominicano emitió en diciembre de 2024 el Decreto 693-24, que establecía un mecanismo de protección para las importaciones del cereal.

Sin embargo, esa disposición fue derogada durante las conversaciones comerciales con Estados Unidos.

Roberto Despradel, especialista en comercio internacional y asesor de ADOPRA, explicó que el tratado contempla mecanismos relacionados con la revisión de las condiciones agrícolas y disposiciones sobre seguridad esencial.

Según el especialista, estos elementos forman parte de las discusiones sobre las medidas que República Dominicana puede mantener para proteger su producción nacional.

Además de las diferencias tecnológicas, los productores dominicanos enfrentan la competencia de agricultores estadounidenses que reciben respaldo mediante programas federales.

De acuerdo con la información presentada en el reportaje, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos anunció en octubre pagos por aproximadamente US$13,800 millones para agricultores elegibles correspondientes al año de cosecha 2025.

Estos programas contemplan ayudas para determinados cultivos, incluido el arroz, cuando sus ingresos o precios caen por debajo de los niveles establecidos.

Por su parte, Juan Antonio Gómez, viceministro de Producción y Mercadeo del Ministerio de Agricultura, reconoció que la gran cantidad de pequeños agricultores representa una desventaja competitiva para República Dominicana.

El funcionario explicó que, frente a esta realidad, los esfuerzos deben concentrarse en mejorar la rentabilidad de los productores de menor tamaño.

También sostuvo que la regulación de las importaciones no depende únicamente del decreto eliminado, sino de los permisos que debe otorgar el Ministerio de Agricultura.

Gómez aseguró a El Informe que, mientras continúen las negociaciones comerciales, no se autorizarán importaciones de arroz estadounidense superiores a las cantidades contempladas en la disposición derogada.

Asimismo, manifestó que el Gobierno mantiene su intención de proteger un sector que considera importante por su aporte a la alimentación y por la cantidad de personas que dependen económicamente de esta actividad.

En medio de la incertidumbre, los productores han comenzado a organizar encuentros para evaluar el panorama y reclamar medidas que les permitan seguir compitiendo.

Durante una reunión celebrada en Montecristi, representantes del sector insistieron en la necesidad de mantenerse unidos y vigilar el desarrollo de las negociaciones.

No podemos permitir que intereses internacionales vengan a afectar la seguridad alimentaria de nuestro país», expresó Rubén Sosa.

Mientras tanto, Santo Paulino considera que los agricultores también tienen la responsabilidad de organizarse mejor para enfrentar las nuevas condiciones del mercado.

«Yo no le tengo miedo al libre comercio; yo le tengo miedo a la deshumanización de nosotros mismos, los productores que no nos queremos organizar en cooperativas y asociaciones», afirmó.

Pese a las dificultades, Bienvenido Ramos asegura que las factorías continuarán apostando por la producción nacional y confía en que los consumidores mantengan su preferencia por el arroz dominicano.

«Me brindas dos arroces y yo sé cuál es el dominicano y cuál es el extranjero. Y, eh, esa es parte de la esperanza que tenemos: que el consumidor nos va a apoyar», expresó.

Por ahora, los productores esperan los resultados de las conversaciones comerciales entre República Dominicana y Estados Unidos, mientras intentan mantener sus cosechas y la actividad económica que, durante generaciones, ha sostenido a miles de familias dominicanas.

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